El Neoliberalismo y la crisis de Wall Street IV de IV.

20 marzo 2009

MIS CONSIDERACIONES.

En mi opinión siempre he dicho que todos los modelos tienen su “talón de Aquiles”. El modelo comunista es considerado un modelo utópico que nunca se ha implementado en parte alguna; por su parte el neoliberalismo fue vendido y muy bien vendido en casi todos los países del mundo en lo que se consideraba el modelo supremo para el desarrollo de todas las economías mundiales.

A principio de los años 80 el entonces presidente de EEUU Ronald Reagan expresó “El Estado no es la solución, es el problema”. Durante treinta años, los fundamentalistas del mercado, repitieron que éste siempre tenía razón, que la globalización – neoliberalismo era sinónimo de felicidad, y que el capitalismo financiero edificaba el paraíso terrenal para todos. La crisis de Wall Street se ha encargado de pegarles en la cara con su propia realidad.

A pesar de todas las advertencias de destacados economistas de prestigio mundial, los estados de las grandes potencias mundiales le dieron absoluta libertad a los grandes inversores, magnates  y dueños de capitales para que crearan y desarrollaran sus propias reglas de juego en el manejo de las actividades económicas de intercambio de capital, quedando el estado como un simple observador pero que aseguraba su tajada en cada transferencia realizada en esos mercados.

Es evidente que el neoliberalismo se desarrolló ante los ojos de todos  y con el apoyo de todos, pero no advertimos que esa desregulación (no intervención del estado) significaba que como sucede siempre en nuestras economías “capitalistas” el más grande se come al más pequeño. Por tal razón, no importa qué sistema económico utilicemos, siempre el Estado debe jugar su papel regulador que garantice las inversiones de cada actuante y sobre todo velar porque las actividades comerciales se realicen bajo un esquema transparente y justo.

 

Muchas gracias…


El Neoliberalismo y la crisis de Wall Street III de IV.

20 marzo 2009

 

El monto del hoyo de hoy nadie lo conoce con exactitud. Se calcula que para cubrirlo faltan entre 500 mil millones y un billón (una cifra de doce ceros) de dólares y que por eso la Tesorería pidió 700 mil millones. Si a eso se suman otros gastos, como los 50 mil millones que recientemente garantizan los depósitos en el mercado monetario (son 3,5 billones) o el dinero destinado al financiamiento de la compra de bancos de inversiones por bancos comerciales, más los paquetes de estímulo, etc., nos acercamos a los 2 billones, cantidad que equivale a los dos tercios del presupuesto norteamericano en vigencia, al 20% de la deuda pública y algo más del 15% del PIB anual de los EE.UU.

El proyecto de salvataje ha tenido una agitada discusión en el Congreso, pero la oposición radical es minoritaria, el ala más derechista del Partido Republicano, que lo califica de socialismo financiero y, por consiguiente, de antinorteamericano. Lo que se discute es el mecanismo, no se puede delegar la administración de los 700.000 millones en el secretario de la Tesorería. También se debate cómo incluir en los beneficios a los deudores hipotecarios afectados, como limitar las remuneraciones de las planas mayores de las entidades financieras que reciban ayuda estatal (hay un acuerdo en principio) y como asegurar que el Estado, es decir, los contribuyentes, también reciban las ganancias correspondientes de la esperada recuperación del sector.

Lo más probable es que se llegue a un rápido consenso, y que después se restablezcan las regulaciones y supervisiones. En EE.UU. hay un círculo dirigente, que si bien es más meritocrático que el nuestro, fue educado en su propio país y con un conjunto de valores idénticos, entre ellos, que la democracia capitalista necesita de un marco estable (a menudo oligárquico, agregan algunos críticos) para funcionar, y que la Casa Blanca y el Congreso deben asegurarlo. Por consiguiente, el Estado es parte de la solución y no del problema, aunque el discurso no lo reconozca.

 

¿SE ACABÓ EL NEOLIBERALISMO?

Las medidas de emergencia, como siempre, hieren la doctrina neoliberal, con intervenciones directas y masivas del Estado – como ya venía sucediendo desde la primera crisis neoliberal, la de México en 1994. Pero… ¿ellas significan el fin del neoliberalismo? ¿Es posible reanudar procesos regulatorios globales – un nuevo Bretton Woods – que frenen estructuralmente la libre circulación de capitales y reviertan los procesos de desregulación económica, esencia misma del neoliberalismo?

Nada indica que esto sea posible. No existe una lógica racional del sistema capitalista, que haga que sus agentes – desde las grandes corporaciones a los Estados dominantes – actúen de acuerdo a una lógica superior del sistema. Esa es una de sus contradicciones estructurales, aquella que existe entre la dominación global y la apropiación privada.

Se trata de una gran crisis capitalista, ya se dice que es la mayor desde 1929, que puede abrir camino a la construcción de un modelo alternativo. Pero por ahora no se vislumbra ningún modelo que pueda tener ese papel, ni siquiera de manera embrionaria. En el horizonte, hay como máximo versiones híbridas, como las políticas económicas de China o Brasil. La propia proliferación de gobiernos conservadores (nada innovadores siquiera en sus políticas) en el centro del capitalismo, indica que nada de nuevo puede surgir de ellos en sustitución del modelo agotado.

Todo indica por lo tanto que, entre la crisis del modelo precozmente envejecido y las dificultades de surgimiento de uno nuevo, mediará un período más o menos prolongado de inestabilidades, de sucesión de crisis, de turbulencias. Porque lo que se agota no es solo un modelo hegemónico, sino también la hegemonía política de los Estados Unidos – los dos pilares de sustentación del nuevo período político, que sustituyeron al modelo regulador y a la bipolaridad mundial. Y también en este plano, no surge en el horizonte una nueva potencia o un conjunto de ellas, en condiciones de ejercer una nueva hegemonía.

El neoliberalismo no termina, pero se agota, abriendo un período de disputa por alternativas, entre las que por ahora solo se ve América Latina, donde han aparecido propuestas de superación. La región gana de este modo un protagonismo – junto con China – en la proyección del futuro del mundo en toda la primera mitad del nuevo siglo, en la disputa entre lo viejo que se resiste a morir y produce crisis y sus consecuencias por todos lados, y lo nuevo, que comienza a anunciar el post neoliberalismo, un mundo solidario, desmercantilizado y  humanista.


El Neoliberalismo y la crisis de Wall Street II de IV.

8 marzo 2009

La revolución conservadora, que iniciaron Reagan y Thatcher, es la culminación de lo que Walter Russell Mead llama el sistema angloamericano, que habría modernizado el mundo a partir del siglo XVIII, mediante la combinación del comercio (ahora, globalización y libre mercado) y el poder militar. Ese sistema, civilización lo llaman algunos, amenaza ruinas al comenzar el siglo XXI.

El epicentro del problema está ahora en el mercado más libre y globalizado, Wall Street, el templo mayor del neoliberalismo. Con el agravante de que envuelve a sus dos guardianes, ambos nombrados el 2006, el presidente del Banco Central, Bernanke, un profesor de economía especializado en la gran depresión de 1929, y el Secretario del Tesoro (Hacienda), Paulson, quien fuera presidente y gerente general de Goldman Sachs entre 1999 y 2006, uno de los cinco gigantescos bancos de inversiones que desapareció en este vendaval.

A pesar de los esfuerzos de ambos (inyecciones de dinero, líneas de créditos, paquetes de estímulo, etc.) durante más de un año y pese a que más de una vez afirmaron haber contenido la crisis, finalmente se les desbordó. Se nacionalizaron dos reaseguradoras de hipotecas y la firma de seguros más grande del mundo, desaparecieron los bancos de inversiones independientes (uno quebró, dos fueron absorbidos por bancos comerciales a precios de liquidación y los otros dos se transformaron en bancos comerciales, es decir, regulados) y recurrieron con extrema urgencia al Congreso, seis semanas antes de las elecciones generales, pidiendo 700 mil millones de dólares para comprar las deudas “tóxicas” del sector financiero, con la invocación: “¡que Dios nos asista si el plan no es aprobado!”.

En Wall Street se repitió la historia, que comenzó con los tulipanes en Holanda, en el siglo XVII, cuyos contratos a futuro llegaron a precios exorbitantes. Las crisis se hicieron más seguidas e intensas cuando se pasó del capitalismo de PYMES al de gigantescas corporaciones, al iniciarse el siglo XX. En 1907, una crisis financiera, superada gracias a la intervención de los banqueros de Nueva York encabezados por JP Morgan, dio origen al primer banco central del mundo, con la misión de ser el prestamista de última instancia.

En 1989 se produjo en EE.UU. la crisis de las asociaciones de ahorro y préstamo, consecuencia de la desregulación. El gobierno se hizo cargo, el hoyo fue de 160 mil millones de dólares, recuperó sólo la cuarta parte, y esas entidades, con una historia de más de un siglo, desaparecieron. El mismo año, sin prestar atención a esa noticia, todos nos convertimos al consenso de Washington, una versión de cátedra del fundamentalismo del mercado.

Cuando nos desviamos de la ortodoxia al recurrir al Estado, recibimos varapalos de nuestros maestros, el complejo W, que con un lenguaje casi bíblico nos explicaron que solo el mercado crea la riqueza, que hay que evitar las seductivas tentaciones del estatismo, que hay que resignarse a la cautividad de los ciclos económicos y, si lo hacemos, lograremos finalmente la redención con el advenimiento del mercado libre, por supuesto, después de una dosis de ascetismo, correcciones y ajustes, penitencias por abjurar de la mano invisible del mercado.

 

Ahora bien, ¿cómo ocurrió este colapso? La primera parte de la ecuación es que los bancos lograron transformar haberes no transables, las hipotecas, en transables, al usar paquetes de éstas para asegurar títulos de deuda que traspasaron a terceros, quienes a su vez los utilizaron como garantías a otras emisiones de bonos, al cuadrado (incluso se llegó a operaciones al cubo). Así, hicieron la ganancia de inmediato, sin esperar el plazo de vencimiento de las hipotecas, y traspasaron el riesgo a terceros. Soros los bautizó como instrumentos financieros de destrucción masiva.

La segunda parte de la ecuación fue la abundancia de préstamos hipotecarios debido a que las viviendas, al aumentar siempre de precio, permitían otorgarlos a personas sin solvencia. A lo que se sumó que los propietarios, después de un tiempo, podían contratar una segunda hipoteca, y usar así el alza del valor de sus viviendas como alcancías.

Estas operaciones las realizaron entidades financieras no reguladas, en particular, los bancos de inversión que, en vez de prestar servicios, se transformaron en fábricas de dinero, cuyo insumo era el dinero. Ello ocurrió gracias al emprendimiento de jóvenes ases de la informática, al parecer sin supervisión adulta. A sus jefes, que poco entienden de computación, lo que les importaba eran los rendimientos, que eran premiados con generosas gratificaciones. Las remuneraciones del personal de esos bancos, sin contar la plana mayor, pero si a oficinistas y secretarias, llegó a un promedio de más de 8.500 dólares por semana. Y la euforia era tal, que celebraron su último congreso, poco antes del comienzo de la crisis, en Barcelona, España. El gran patrón de Lehman Brothers, el banco que quebró, tuvo una remuneración, en su último año, de 17.000 dólares por hora. Y la pompa de jabón estalló cuando las viviendas bajaron de precio, justo cuando los emprendedores comenzaban a explorar transformar en transables los préstamos a los estudiantes universitarios y para comprar automóviles, como a las deudas respaldadas por tarjetas de crédito.

La explicación es que la línea divisoria entre el lucro, el motor de la economía de mercado, y la codicia o avaricia es, al parecer tenue, a lo menos desde la muy evangélica Holanda del siglo XVII. Tal vez por ello el FBI inició una investigación para determinar si hubo fraude en las cinco firmas más afectadas por esta crisis.


El Neoliberalismo y la crisis de Wall Street I de IV.

5 marzo 2009

El capitalismo, sucediendo al modelo regulador keynesiano o del bienestar social, como se lo quiera llamar, hizo su diagnóstico de agotamiento del modelo anterior y se propuso reorganizar el sistema capitalista en su conjunto, de acuerdo a sus principios liberales reciclados para el nuevo período histórico del capitalismo.

Fue un modelo absolutamente hegemónico, logrando extenderse de la forma más universal posible: de Europa Occidental a los Estados Unidos, de América Latina a China, de Europa Oriental a África, de Rusia al sudeste asiático. Tuvo crisis precoces – a lo largo de la década del 90, en México, en el sudeste asiático, en Rusia, en Brasil, en Argentina – pero se mantuvo hegemónico, sin ningún otro proyecto alternativo que le disputase hegemonía.

Suscitó grandes movilizaciones de oposición – como las iniciadas en Seattle, que desembocaron en los Foros Social Mundiales -, siguió tropezando, como en la OMC, en el debilitamiento del FMI y del Banco Mundial, pero continuó siendo el único modelo globalizado. Después de algún tiempo, la propuesta híbrida de China permitió que surgiera la expresión Consenso de Pekín, en lugar del de Washington, pero girando siempre en torno a las adecuaciones de las políticas de libre comercio.

Algunas potencias centrales del capitalismo ya habían sido víctimas de la desregulación y del poder de ataque del capital especulativo, entre ellas Gran Bretaña, en la década del 80, víctima del mega-especulador George Soros. Pero todo ataque especulativo tenía a los Estados Unidos como beneficiario, toda fuga de capitales tenía la Bolsa de Valores de Nueva York como refugio. Se sabía que esa parranda especulativa sólo podría encontrar un límite en el momento en que el principal beneficiario de ella fuese también su víctima. Ese momento llegó.

El Neoliberalismo es uno de los nombres que se usa para describir una ideología económica. También se puede llamar capitalismo corporativoglobalización corporativaglobalización, y hasta la economía suicida. Esta ideología es la que actualmente domina las políticas de la economía global.

El neoliberalismo no siempre ha existido. De hecho, es un sistema bastante joven-sólo se convirtió en la ideología económica dominante hace unos veinticinco o treinta años. El sistema anterior, que duró aproximadamente desde finales de los años 1930 hasta finales de los 70, fue formado en gran parte por las ideas del economista inglés John Maynard Keynes, y por su influencia se llama el “Keynesianismo”. Sin dejar de ser capitalista, Keynes decía que el Estado debería de tomar un papel activo en el manejo de la economía de su país. En el Keynesianismo, el Estado imponía reglas y supervisaba el mercado para dirigir la economía hacia las prioridades que determinaba. No intentaba suplantar el mercado; más bien lo regulaba. Por ejemplo, los Estados podían requerir que una parte de las ganancias de los inversionistas extranjeros se volvieran a invertir en el país; o imponer aranceles a productos extranjeros para proteger a productores nacionales; o podían intervenir en sus mercados nacionales para promover objetivos públicos. En conclusión: en el Keynesianismo, el mercado estaba subordinado al poder del Estado.

Pero mientras dominaba el Keynsianismo en la economía global, otro economista muy influyente, Milton Friedman, proponía un modelo económico basado en principios prácticamente opuestos a los de Keynes-un modelo que forma la base de lo que ahora se llama el neoliberalismo. Friedman propuso que el Estado no interviniera casi nada en la economía nacional-es decir, que el control de la economía estuviera en manos del capital privado y ya no en manos del Estado. Criticaba los gobiernos nacionales por sus burocracias enormes e ineficientes que impedían el funcionamiento óptimo del mercado. Como asesor a los Presidentes de los EUA Richard Nixon y Ronald Reagan, llegó a tener una influencia decisiva sobre la estructuración de la economía global. Este último, acompañado por su contrapartida Margaret Thatcher, Primera Ministra del Reino Unido, empezó a aplicar las teorías económicas de Friedman a la práctica. Con el objetivo de permitir a las corporaciones e inversionistas operar libremente para maximizar sus ganancias en cualquier parte del mundo, estos dos mandatorios promovieron políticas de comercio libre, desregulación, privatización de empresas públicas, baja inflación, el movimiento libre de capital, y presupuestos equilibrados (se gasta lo que se recauda en impuestos).

Las políticas neoliberales: la desregulación, la privatización.


Presentación…

19 febrero 2009

Saludos queridos amigos, aún no amigos, conocidos y aún no conocidos que desearía conocer y luego hacerlos mis amigos…

Siempre he querido incursionar en esta otra forma de comunicación. Y es que así como las células se comunican para crear la materia, éstas para crear las cosas y éstas para crear los animales y las plantas y luego todo el universo, pienso que la comunicación es ese enlace que nos hace sentir útiles en las sociedades, que nos dicen que estamos vivos y nos señalan las razones de para qué existimos.

Aunque en principio pienso tratar temas económicos y gerenciales, no espero limitarme a éstos. Mi existencia es dinámica y así de dinámica debe ser mis interrelaciones con las personas; así que presentaremos analizaremos y expresaremos nuestra opinión de cualquier tipo de tema que creamos importantes.

Les emito un caluroso abrazo y esperamos nos acerquemos un poquito más, ya que el tiempo es lo único que la mujer y el hombre no han podido vencer…

 

GRACIAS…


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